POR: EUSTACIO F. VAZQUEZ
El ojo del alma de un niño es la imaginación, con ella siempre
todas las bellezas y todas las virtudes que adornan su mundo.
El niño es la inocencia pura, es feliz y en su fantasía viaja por pueblos, valles y montañas.
El niño en su imaginación tiene amiguitos y juega y platica con
ellos, por eso, la imaginación de un niño, es una facultad mas
fuerte que su voluntad.
El niño reune, amolda y crea palacios y castillos en el aire.
Por todas estas y muchas cualidades y virtudes del niño, toda
persona debe comprenderlo y tratarlo con afecto, por que el
niño tiene este derecho de carácter universal y los padres
tenemos la obligación física, moral y espiritual de amarlo,
protegerlo, educarlo y guiarlo en la vida, enseñándole los
principios y valores de la convivencia humana.
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